El camión huele a cansancio, a sueños medio despiertos, a caras dibujadas con tiza suave; todos duermen con los ojos abiertos y sueñan a través de las ventanas rayadas, yo también sueño así. Hace calor, abro una de las ventanas y se me escapan los recuerdos, pero antes, se pasean por mi pecho que los despide, salen de mí, veo cómo se los lleva el viento; puede doler un poco. Un niño balancea sus pies junto a mí, sus ojeras jóvenes ocultan una sonrisa tímida que nunca recibiré. Alguien jala mi cabello, prefiero ignorarlo. Prefiero leer el texto a través del hombro del hombre sentado delante de mí, “Hija cuídate mucho, ya voy para el trabajo, desayunas en la escuela. Te quiero”. Hay oraciones que nos duelen solo a algunos, por eso imagino que mi celular recibe un mensaje, es mi padre diciendo que me quiere, que me cuide y que desayune en la escuela. Sé cómo huele todo cuando estoy triste, huele como al mar en la madrugada cuando se está solo, a sales co...